Hay materiales capaces de contar historias. En Montblanc (Tarragona), una pequeña cadena de metal lleva haciéndolo desde 1926. Lo que comenzó como el ingenio de un joven dispuesto a resolver un problema cotidiano, cumple ahora cien años convertido en un recurso para arquitectos y diseñadores de todo el mundo. Kriskadecor celebra un siglo enlazando memoria familiar, conocimiento industrial, diseño y una permanente curiosidad por explorar el futuro.
La historia comenzó casi por casualidad. Josep Maria Sans Amill estudiaba en Barcelona cuando apostó con unos compañeros que sería capaz de construir una máquina para unir eslabones automáticamente. Poco después, el propietario de una pastelería de Montblanc le planteó otro reto: mantener la puerta abierta en verano sin que entrasen insectos. Ambas circunstancias terminaron uniéndose en una cortina de cadena metálica. Aquel primer gesto contenía ya una forma de entender la empresa que atravesaría generaciones: observar, experimentar y encontrar soluciones.

Una inquietud heredada
La cadena evolucionó. Primero llegaron los eslabones indesunibles, cuyo modelo industrial se registró en 1932. Después, con la incorporación a la dirección de Josep Maria Sans Folch, hijo del fundador, llegó el aluminio y, en 1957, la patente del procedimiento para anodizar y colorear las cadenas. El producto ganaba ligereza y color mientras ampliaba sus posibilidades.
Décadas después, esa curiosidad continúa formando parte de la cultura de la compañía. “No podíamos imaginar que llegaríamos hasta donde estamos hoy”, reconoce José María Sans, CEO de Kriskadecor. Sí recuerda, sin embargo, que en tiempos de su padre ya existía “esa inquietud por mejorar, por probar cosas nuevas y por buscar nuevas posibilidades para la cadena”.

La tercera generación convirtió esa herencia industrial en un lenguaje vinculado cada vez más estrechamente con el diseño. Con el nuevo milenio nació Kriskadecor y la cadena comenzó a abandonar sus aplicaciones más convencionales para incorporarse a proyectos de arquitectura e interiorismo internacionales.

Cuando la cadena se convierte en diseño
En ese recorrido, la colaboración con arquitectos y diseñadores ha sido determinante. La empresa no plantea el material como una solución cerrada, sino como un punto de partida susceptible de adaptarse a cada espacio. Para José María Sans, el valor reside precisamente en “entender qué necesita el cliente” y acompañarlo durante el desarrollo para conseguir que el resultado funcione estética y técnicamente.

La mirada externa también ha permitido descubrir posibilidades inesperadas. José Manuel Ferrero, de estudi{H}ac, habla de “libertad, confianza y complicidad” al recordar una colaboración de la que han surgido colecciones como Feel Free y Weaving. “Kriskadecor siempre nos ha permitido experimentar y trasladar el ADN de ESTUDI{H}AC a un material tan singular como la cadena de aluminio”, explica.
Pero Ferrero introduce además una dimensión especialmente vinculada al centenario: la humana. “Por encima de los proyectos, me quedo con las personas”, afirma. Una relación creativa y personal que describe como la sensación de estar “construyendo algo juntos”.

Artesanía, tecnología y futuro
Esa capacidad de evolucionar sin borrar el origen también define la visión de Rafa Ortega, de Gutiérrez y Ortega. Para el diseñador, la compañía representa la convivencia entre “la trayectoria artesanal” y su evolución tecnológica. Una dualidad que permite reconocer todavía aquella cortina doméstica presente en la memoria colectiva y, al mismo tiempo, encontrar la cadena en proyectos contemporáneos de escala internacional.

Su colaboración en KHRONOS amplió de nuevo ese territorio, incorporando funciones como el control de la reverberación. Ortega destaca la receptividad de los equipos técnico, comercial, de marketing y gerencia ante la propuesta y esa “motivación mutua” que permite que una idea avance desde la experimentación hasta convertirse en solución.
Cien años después, la sede y la producción permanecen en Montblanc, mientras la compañía trabaja para proyectos de todo el mundo y cuenta también con presencia en Estados Unidos. El escenario ha cambiado, pero permanece esa manera de observar el material como algo todavía por descubrir.

Una actitud que José María Sans reconoce como parte de la herencia recibida y también como brújula para el futuro: “La innovación siempre ha formado parte de nuestra manera de hacer las cosas. Creo que esa actitud es la que nos ha permitido ir avanzando y evolucionando como empresa, adaptándonos a cada momento sin perder nuestra esencia”.
Foto portada: Casa Batlló

