La tienda de Cold Culture en Barcelona refleja la evolución del retail de moda hacia espacios concebidos como herramientas de representación de marca y de creación de comunidad. Diseñada por Culdesac, la nueva flagship traslada al entorno físico los códigos culturales y visuales de una de las firmas españolas de moda urbana con mayor crecimiento en los últimos años.
Ubicada en el número 13 de la calle Canuda, en el distrito de Ciutat Vella, la tienda se presenta como una experiencia inmersiva que reproduce el universo de la marca y establece un nuevo punto de encuentro con su comunidad de seguidores.

Arquitectura histórica y cultura digital
Fundada en Madrid en 2021 por Andrés Varela y Martina Merry, Cold Culture ha consolidado en pocos años un modelo de crecimiento basado en una fuerte identidad propia, una relación directa con su audiencia y una importante proyección internacional. Además, la compañía superó los 25 millones de euros de facturación en 2024 y se ha convertido en uno de los referentes del streetwear entre la generación Z.
La apertura de la tienda de Cold Culture en Barcelona representa un paso estratégico en esta evolución. El establecimiento ocupa la Casa Joan d’Ortega, un edificio residencial de origen dieciochesco que fue ampliado y transformado en los siglos XIX y XX.

La construcción conserva una estructura basada en muros de carga y elementos originales que condicionan la organización espacial. Sin embargo, el proyecto incorpora estas características a su narrativa y establece un diálogo entre la permanencia de la arquitectura histórica y el carácter dinámico de una marca nacida en el ámbito digital.
La nueva flagship de Barcelona mantiene la continuidad con el espacio comercial de la firma en la calle Fuencarral de Madrid, también diseñado por Culdesac. Ambos proyectos forman parte de una estrategia orientada a construir un lenguaje espacial propio, capaz de acompañar el crecimiento de la marca sin recurrir a soluciones estandarizadas del retail contemporáneo.

El concepto «Crafted Engineering»
Para ello, el estudio ha desarrollado el concepto «Crafted Engineering». Esta propuesta articula el proyecto mediante una serie de tensiones deliberadas que reflejan la personalidad de la firma. Por ello, el espacio explora la relación entre lo industrial y lo artesanal, entre lo preexistente y lo añadido, así como entre la precisión técnica y la intuición manual.
Estas dualidades se trasladan a la configuración espacial, a la selección de materiales y a las soluciones expositivas. Además, el interior se construye desde una lógica próxima al prototipo, donde el mobiliario y los sistemas de exposición muestran de forma deliberada sus procesos de fabricación, ensamblajes y uniones.
La iluminación y el tratamiento de las superficies completan la propuesta espacial. De este modo, generan profundidad y refuerzan la materialidad de los elementos. El resultado es un entorno que se aleja de la neutralidad habitual de muchos espacios comerciales y convierte la tienda de Cold Culture en Barcelona en una extensión de la identidad de la marca.
Finalmente, con esta intervención, Culdesac profundiza en una línea de trabajo que entiende el diseño como una herramienta estratégica para construir experiencias memorables y fortalecer el vínculo entre las marcas y sus comunidades.

